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Italiano

Foto retrato de Mario Nigro en el 1945 MARIO NIGRO

Posguerra y Farmacia


Gianni Nigro
Viola Talentoni, que entonces todos llamavan Violetta
Mario Nigro, en el 1947, con la futura esposa, Violetta
La vie en rose - Momentos felices en el mar


Hermana y hermano de Viola
Desde izquierda: La hermana Lilli, el hermano Guido, Violetta y el novio Mario


INDICE DE LA BIOGRAFIA

  1. Nacio en Pistoia
  2. La madre
  3. El padre
  4. La infancia
  5. Livorno
  6. Adolescencia
  7. Titulo
  8. Mineralogia
  9. Farmacia
La tragedia de la guerra, a Mario como a muchos otros, le abriò completamente los ojos sobre aquéllo que a todo efecto fué una verdadera tiranìa, un regìmen totalitario, una embriaguéz de slogan y de disfraces, de camuflajes y de violencia represiva, de gestos efectuados para cancelar la voluntad de las personas para convertirlas en una masa con una obediencia ciega en el Jefe, en el piferaro màgico que los llevaba hacia el precipicio, una masa obediente y en fin combatiente hacia la tragedia total.
    La guerra, contada por los periòdicos, por los noticiarios en los cines, por la radio, llegaba dentro la casa, bajo forma de batallas a muerte, bombardeos y represalias.
  : Y el fin de todo ésto, de una pesadilla que parecìa no terminar jamàs, fué una inmensa fiesta colectiva.
  : El retorno a la libertad pareciò como recobrar la salud después de un larga y oprimente enfermedad. Y no obstante la Italia terminò destruìda, en la gente palpitaba una ràfaga eufòrica, unas irreflenables ganas de alegrìa. Vivir, volver a vivir, ésto contaba.
   Sì, volver a vivir, a salir de noche, a viajar, a frecuentar locales pùblicos, ir a bailar, a divertirse y porqué no?, volver a la Universidad. No como Asistente. Esto ya era una capìtulo olvidado. En aquél acùmulo de escombros que era la Italia de la posguerra no habìa ningùn lugar para los sueños. De dinero, en casa Nigro, habìa quedado poquìsimo. Un solo sueldo del estado, aquél del temido Profesor de Matemàticas del Liceo Clàsico de Livorno, para alimentar seis bocas, mientras los productos alimenticios costaban como el oro. Quién habìa podido tener unos ahorros se encontraba entre las manos solo papeles sin valor, a causa de la devaluaciòn vertical de la Lira.
   Mario se dejò convencer por las insistencias maternas y se inscribiò en Farmacia. Otro hijo, su preferido, ya se habìa ido a Milàn, en bùsqueda de mejor fortuna. Para ella perder otro hijo, talvéz por ser asumido en una Empresa Quìmica en el Norte, no era aceptable. En cambio, asì pensaba la señora, con un buen Tìtulo de Farmacista se come en todos lados, y también en Livorno.La mayor parte de los exàmen dados para Quìmica se los reconocìan y la vìa para el segundo Doctorado era asì allanada.
   Y después de esto, gracias a algunas recomendaciones, (al Profesor Gabriele Nigro le resultaba fàcil, con alumnos, hijos de Farmacistas un poco lerdos y necesitados de algùn empujoncito, si no querìan arriesgar la repeticiòn del año) Mario se habrìa encontrado en un banco, protegido del frìo, con un guardapolvo blanco y un sueldo seguro y sòlido.
 nbsp;nbsp;Y propio entre provetas y pipetas, entre quelantes y soluciones Quìmicas, encontrò la persona que en fondo contribuyò en modo determinante a su realizaciòn como artìsta. Ella, Violetta Talentoni, jovencita estudiante, tìmida y cohibida, de buena familia y acostumbrada a no usar las manos para trabajar, también ella de orìgenes nobles e hija de un médico, era literalmente fascinada de éste hombre, de casi diez años màs de ella, que no obstante sus pequeños defectos fìsicos, no solo fuese hàbil y desenvuelto con los instrumentos de Quìmica, sinò, que después en el tren que los llevaba de vuelta a Livorno, le hablaba de libertad, de democracia, de justicia social, de viejas y nuevas culturas, de pasado y futuro posible, de una sociedad modelo de realizar.
  : :Pero diciendo la verdad, habìa màs de un pretendiente en torno a aquélla pueril muchachita. Digamos sinceramente que habìa un autèntico enjambre. Pero los otros, le parecìan bobalicones, banales, y talvéz obsesivos, maniacales, y en todo caso lejanamente menos inteligentes de aquél hombre, treintañero, serio, cultìsimo, que no tenìa solo ganas de reir y bromear.
  : Mario, en cambio, hablaba de cosas serias, de cosas verdaderas. Sabìa hacer cosas serias, cosas verdaderas. Su visiòn era mucho màs amplia de las estrecheces culturales de la provincia.
 :  Apremiada por algunos de los pretendientes màs aguerridos, una noche, metida ya en cama desde temprano, en la oscuridad de su habitaciòn, tomò una decisiòn. Y a la mañana siguiente, delante a un reactivo y a una pipeta, le diò el sì.



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